Recomendaciones nutricionales en el paciente oncológico

Un enfermo de esta categoría es un paciente de riesgo para sufrir desnutrición. El cáncer va a interferir en el proceso de la nutrición, en mayor o menor medida, dependiendo del tipo y localización del tumor, así como de lo avanzado de la enfermedad. A esto hay que añadir los efectos del tratamiento antineoplásico, que de forma puntual o más prolongada interfiere también con el proceso alimentario. La malnutrición energético-proteica (MEP) se considera el diagnostico secundario más frecuente en estos pacientes y un factor de riesgo de mortalidad, aunque no exista evidencia suficiente de una relación causal entre desnutrición y evolución del proceso canceroso.

La malnutrición energético-proteica (MEP) altera la inmunocompetencia colaborando en la inmunosupresión producida por el tratamiento antineoplásico, retardando la normalización del estado inmunológico y favoreciendo la aparición de complicaciones infecciosas, lo que puede obligar a disminuir la dosis terapéutica de dicho tratamiento o a postponerlo.

La deficiente síntesis proteica impide la reparación y cicatrización de los tejidos dañados por el tratamiento antineoplásico, especialmente por la cirugía y los tratamientos combinados, favoreciendo la infección local, y las complicaciones como dehiscencias, aventraciones y fístulas.

Cuando la MEP es grave se puede producir diarrea por malabsorción, al reiniciar la ingesta alimentaria, debido a que el deficiente aporte proteico ha impedido la síntesis de los enzimas intestinales, cuya vida media es muy corta, constituyéndose así un círculo vicioso que impide la corrección de la MEP.

La desnutrición disminuye la calidad de vida, fundamentalmente a través de su influencia sobre la fuerza muscular y la sensación de debilidad y astenia, debido a la pérdida de masa muscular que origina, y a su influencia sobre la esfera psíquica induciendo o intensificando los síntomas depresivos. De hecho, el tono vital y la sensación de debilidad comienzan a mejorar rápidamente al poco tiempo de iniciar un aporte nutricional adecuado.

Todas estas situaciones van a aumentar las complicaciones y la estancia hospitalaria del paciente, disminuyendo el tiempo libre de síntomas y de vida independiente del centro hospitalario y contribuyendo así intensamente al deterioro de su calidad.

Objetivos:

Los objetivos de las recomendaciones nutricionales para el paciente canceroso son:

Evitar la desnutrición y las complicaciones que de la misma se pueden derivar.
Mejorar la tolerancia al tratamiento antineoplásico y favorecer su eficacia al permitir que el mismo se lleve a cabo en el momento establecido y con la dosis y duración necesaria.
Mejorar la calidad de vida del paciente oncológico.

Indicaciones:

Estas recomendaciones están dirigidas al paciente normonutrido o con desnutrición ligera y que además es portador de un tipo de tumor que por su localización puede ocasionar desnutrición, como son los cánceres de cabeza o cuello, o de aparato digestivo, especialmente de esófago, estómago o páncreas.

También están indicadas en el cáncer metastásico y en aquellos pacientes que van a recibir tratamiento con quimioterapia o radioterápia.

“La desnutrición disminuye la calidad de vida, fundamentalmente a través de su influencia sobre la fuerza muscular y la sensación de debilidad y astenia”